Comentaba en el Post anterior, que la tarjeta marcaba error/declinada/ve tu a saber cuando quise pagar el coche de alquiler. Resultó que antes de tomar el vuelo le había pedido a Raúl que hiciera una transferencia para tener saldo suficiente, y lo hizo, pero desde otro banco. Y, al parecer, el SPEI éste en particular, se vería reflejado hasta el día siguiente.
Ahí es donde te enteras que tener coche es algo muy cómodo. Te subes, buscas cajero, sacas dinero, depositas y listo…. pero el hubiera no existe, así que tuve qué echar mano de Raúl a distancia y después de varios movimientos, finalmente pude rentar el coche.
Y allá voy, por la caja. Después de perderme un poco y de seguir indicaciones vía whatsapp, finalmente llego. Tomo la caja y me enfilo hacia Valladolid. No sin antes pasar por una gasolinera, no fuera, que con la suerte que traía, el medidor del coche me diera una sorpresa. Como eran casi las 11 de la noche, me espanté al llegar a la primer gasolinera y no ver despachador
-Mierda- Pensé- ¿Será que ya no hay servicio en la noche?
En eso sale de un cuarto una chica y corre hacia mí. Traía consigo un plato y cuando se acerca, veo que eran unos hot cakes.
-Hola, tranquila. No hay prisa. ¿Vas a cenar ESO?. Mujer, los hot cakes son para desayuno
-Era mi desayuno, pero no me ha dado tiempo de comer
¡UFA! en eso recuerdo que Raúl tuvo la buenísima idea de ponerme una torta de milanesa en la mochila (por si te da hambre en el camino). Pagué la gasolina y manejando y cenando me fui hacia Valladolid.
Tenía AÑOS de no manejar en carretera. AMO manejar de noche en carretera. Y además, la vía Mérida Valladolid (la de cuota y la libre) están muy rectas. Tomé la de cuota porque hacía pocos días habían pasado 2 huracanes por la zona y no quise arriesgarme.

Esa noche la luna comenzaba a menguar, pero el cielo igual estaba lleno de estrellas. Me sentía feliz, libre, JOVEN… me sentía Plena.
Las dos horas se pasaron muy pronto. Al llegar al pueblo era más de medianoche. Y no había ni un alma en las calles. Juro que pensaba bajarme en la plaza principal y tomarme una Selfie, pero me ganó la prudencia. Como ya había estado en el hostal, llegué de inmediato. Registrada, ingresada y acostada, no le pedía nada más a la vida.
Y así como la película (St. Elmo’s Fire), me dormí pensando: Éste es el primer día, del resto de mi vida.
