Pues ya estaba yo en Valladolid. Con un coche rentado, una habitación rentada y algunas citas hechas previamente para ver departamentos. La primera de ellas era a media cuadra de donde estaba hospedada (Hostal Gayser) . Me levanté temprano y a las siete ya estaba bañada y tomando café (preparado por mí, porque no sabía si había cafeterías cerca y que me disculpen los del OXXO, pero el Andati, ni regalado). Le envié un mensaje a la persona que me iba a mostrar el departamento y me contestó de inmediato. Me voy caminando y llego a una casa donde, a la derecha hay un letrero que dice SASTRE y en la izquierda otro que dice “Se rentan departamentos”

Cabe mencionar, que Valladolid es una ciudad con 3 Universidades. Muchos jóvenes de pueblos cercanos se vienen a estudiar acá. Eso hace que la demanda por habitaciones habilitadas como departamentos, sea bastante grande. Ya lo había intuido por las fotografías del marketplace de Facebook. Una diferencia enorme que cuando buscaba apartamento en Villahermosa, donde la demanda es para profesionistas que van por trabajo. El estudiante es de menos recursos y casi no cocina, así que los departamentos que veía, contaban con lavadero y área de cocina sin estufa, ni refrigerador ni gabinetes. A veces, ni cama. Obviamente había otros departamentos que contaban con todo, incluso con Aire acondicionado, pero la diferencia de precios era enorme.

Cuando la señora Rosy salió de su casa, llevaba un vestido muy del estilo de acá (Huipil, le llaman), que es sin mangas, y le quedaba justo por debajo de las rodillas. Traía sandalias y un chal que se lo puso como bufanda.

-Hay que cuidarse del fresco de la mañana- Me dice, justificando el chal.

Yo me acordé de guille el de Mafalda

Cruzamos la calle y enfrente de su casa había una oficina a donde ella se asoma y le dice a la chica: “¿Será que tienes la llave de al lado?”

-No- Le contesta

Acá a donde vayas, las puertas están abiertas, sin puerta mosquitera, ni nada que te corte el paso. Y yo no sé si tendrán algo de Italianos, pero es que para todo gritan.

-Bueno- Ahora me dice a mí: – Vas a tener qué verla por fuera, ésta es la casa.- Y me señala una casa contigua.

-Pero es que yo he venido a ver el departamento

-Ah, el departamento. Sí, disculpa, me hago lío.

Y me lleva caminando una cuadra porque el departamento está a la vuelta. Algo así como cincuenta metros, pero iba tan despacio y platicando un montón de cosas, ya para cuando llegamos, eran como las nueve, y yo tenía otra cita a las diez. Aún no me enteraba yo, que acá está todo a cinco minutos en coche.

-Pues como podrás ver, el departamento es muy bonito, aquí está su sala, su cocina, su recámara, que mira, está cerrada la ventana, por qué me cierran la ventana si ya les dije que deben de abrirla para que no se llene de hongos. Listo, ya está, viste que se abre fácil. Pero si prendes el aire acondicionado, entonces sí, hay qué cerrarlo. Acá está el baño, que mira, tiene una toalla azul. Eran 2, pero la última pareja que llegó, se llevó una. Les llamé pero me dijeron que la echaron por error. ¿Quién se lleva por error una toalla?. Que la van a mandar, dicen, y pues deben de mandarla. Supongo, bueno, acá está un patio, es largo, aunque angosto, y mira, esos troncos los tenemos como bancas. Ahora están mohosos, pero antes del huracán estaban muy lindos. A los extranjeros les gusta mucho estarse acá fumando o tomando vino.

Todo ésto con el acento de acá (que se me pega bastante rápido).

-Pues está muy lindo señora Rosy, pero yo vengo a ver el departamento pequeño. Mire, el de ésta foto.- Y le muestro la fotografía que una noche anterior ya le había enviado por Whatsapp

-Ah. El departamento pequeño, sí claro… pero es que éste está más lindo, ¿No te parece?

-Lindísimo, pero no creo que el precio sea mismo que el departamento pequeño. ¿O sí?

-No, por supuesto que no, éste es más caro. Pero lleva rato que no se renta, por la pandemia. Muchos nos vimos afectados. Entonces, yo te muestro los que rento y tu eliges al final.

-Bueno, vemos el pequeño y le aviso, porque tengo una cita a las diez, para ver otro.

-Claro, claro- Cierra el departamento y me abre el contiguo que es cuatro veces más pequeño, la “cocineta” era un fregadero alargado. Tenía un mini área de lavado donde definitivamente no cabía una lavadora, que no tengo, pero que me gustaría comprar después. Eso sí, muy limpio, con mucha ventilación y muy modernos los revestimientos (eso lo aprecié después, cuando vi unos cuartos antiquísimos y horribles). -Como verás, éste es como para estudiante. Algo económico pero básico. Si no eres estudiante, lo que más te conviene es el otro, pero si crees que éste te sirve, también tengo dos habitaciones en casa que le rento a estudiantes, están en la casa. Cierro aquí y vamos a verlas.

-Qué le parece si me voy por el momento, llego a la cita que tengo a las diez, y terminando me regreso a ver las habitaciones.

Eran las nueve y media y no era cosa de regresarme corriendo. Por cortesía, tenía qué desandar el camino con ella, al ritmo de ella. Error del que me dí cuenta cuando volvimos a pasar por la oficina. Se asoma y le pregunta a la misma chica:

-¿Será que ya tengas las llaves?

-Ahora las tengo

Pues me mostró la casa. Que era preciosa. Según me contó, antes de la pandemia, una maestra le había invertido dinero para hacerla academia de baile. Estaba perfecta para mí, si no fuera porque costaba el doble de lo que tenía presupuestado. Como al terminar de verla ya faltaban cinco minutos para las diez, ahora sí la “abandoné” y me fui corriendo al hostal, donde estaba el coche. Al subirme, le escribo al chico: -Voy en camino

Casi de inmediato me responde: “¿Será que pueda esperarme? Ya llegué pero olvidé las llaves del departamento”

Le llamo para decirle que me espere, que ya llegando, nos vamos en mi coche a donde tenga la llave. Mi idea era ver la zona. Si el barrio no me gustaba, no tenía caso ver el interior. Aceptó y llegué en cinco minutos. El barrio era lindo. Incluso enfrente de donde estaban los departamentos, había un parque y una caseta de policías.

-Puedo ir en mi motocicleta sin problema- Me dijo.

-Como gustes, igual nos vamos en el coche y me vas orientando de algunas cosas que necesito saber.

Aceptó y nos fuimos en el carro al otro extremo del pueblo. No era lejos, cuando mucho 2 Kilómetros, pero entre calles en contra y que me iba guiando, pues en la ida y regresada tardamos como media hora. El departamento era muy nuevo, bonito, no tan caro. Sin embargo, era en el segundo piso, las escaleras eran muy angostas y la inquilina del departamento de abajo que antecedía a las escaleras, puso su tendedero en el pasillo, de tal forma que tenías qué sortear la ropa mojada. De regreso vi un pañal tirado en el sueño (sucio).

-Está muy lindo, pero, ¿No hay posibilidad que me rentes el que está en el portón y en la planta baja?

-Ese me lo piden bastante, y creo que se desocupa en un par de meses.

-Bueno, gracias por el tiempo. Yo te aviso.

Me subo al coche y miro google maps, para ver si me alcanzaba el tiempo para volver con la señora Rosy o si me iba a la cita de las once. En eso, tocan mi ventana del auto. El el chico.

-¿Qué pasó? Pregunto

-Es que dejé las llaves de la motocicleta cuando fuimos por las llaves del departamento

-Sube, que vamos por ellas.

-Deje guardo la motocicleta, con que me lleve a casa está bien, allá tengo otra.

Ya en el camino me contaba que trabajaba para Interceramic, de vendedor. Que han hecho hasta lo indecible para vender y conseguir que la empresa no cerrara sus oficinas. Que lo de mostrar los departamentos era un trabajito extra, porque todo suma, y que él que era papá soltero, tenía que sumar diario.

Lo dejé en su casa y mu fui hacia donde estaba la cita de las once. Y qué casualidad, que paso por las oficinas de Interceramic. Pronto me iba a enterar, que es difícil no pasar por ahí, ya que es la salida de la ciudad.

Terminé la cita de las once y me voy con la señora Rosy, pensando en ver los departamentos y después comer, porque sólo traía el café en la panza. Estacioné el carro en el hostal y me voy a pie. En la esquina que veo al chico, en moto y que me río y le grito:

-¡Acabo de pasar por tu oficina! Qué casualidad, y mira, ahora me topo contigo de nuevo

Lo bueno es que traía cubrebocas…el cubrebocas empañó mis lentes, así que el chico, que era un chico diferente, no se enteró ni de lo que dije, y si tuve suerte, ni siquiera se enteró de que se lo dije a él. Miré a mi alrededor y noto que la mayoría se parecen.

Sintiéndome bastante discriminativa y abochornada, me regresé al hostal y mejor me puse a hacer la comida.

La segunda parte del día, la dejo para el siguiente post.

YO

A mis 30 años me convertí en madre, sin haberlo planeado. Tuve que poner una pausa en mi vida para desenvolverme en ese rol. 21 años después, con un hijo a un mes de graduarse, que sabe hacerse de comer, lavar, (saber planchar, sabemos, aunque ninguno de los dos lo hacemos, igual lo de hacer la cama), al que le dejo herencia en vida una casa, los muebles y utensilios y la herramienta (Ojo, que también sabe usarla)...después de esa hermosa aventura, retomo el camino.

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1 Comment

  1. Lujilda querida….qué bonito verte cumplir sueños. Y eso en este año de m que nos tiene amargaditos a todos.
    P.d. ¿en este cacharro no hay emoticonos? Tchs…

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